
Cumbre cerro Del Toro, 6.158 mts.
Los días 13 a 19 de marzo realizamos el ascenso al cerro Del Toro (6.158 mts.), un muy poco visitado cerro ubicado al sur de la región de Atacama, en lo que sería el cierre de montañas de 6 mil metros de la temporada.
El viaje comenzó muy temprano en vehículo desde Santiago hasta la ciudad de Vallenar (730 kms), para luego dirigirse hacia el este otros 130 kms. hasta la localidad de Malaguín, donde pasaríamos la noche en las cabañas de Sara, un muy cómodo lugar y con excelente comida para descansar antes del inicio de la expedición.
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El acercamiento
La marcha a caballo comienza en el pueblo de Junta de Valeriano, ubicado el este desde Vallenar, por un muy marcado camino al inicio debido al paso de ganado en general. Se interna por un estrecho valle en ocasiones, a un costado del río del mismo nombre y, a pesar de la latitud, cuenta con muchos árboles y vegetación en general.
Son aproximadamente 34 kilómetros hasta el primer campamento —Vegas del Ciénago—, una amplia explanada de pasto y arbustos, a orillas de un estero ubicado a 3.000 mts. de altitud, donde acampamos en unos “ranchos” de palos y ramas construido por los arrieros de la zona la primera noche.
Al día siguiente continuamos la marcha hasta el siguiente campamento en quebrada Vicuñitas, a una altitud de 3.800 mts. aprox., provista de pasto para los animales, agua y un antiguo y destrozado refugio de adobe, punto donde esperarían los arrieros Sergio y Danilo hasta nuestro retorno. Son cerca de 16 kms. hasta este punto, completando así 50 kms. sólo para llegar cerca de los pies de la montaña.
Al tercer día realizamos el acercamiento hacia la base de la montaña a caballo para comenzar a subir por unos largos y desgastantes acarreos, de pendiente sostenida ya sobre los 4.300 mts. hasta el campamento alto. Luego de 5 horas de pesada marcha, montamos el campamento a 5.050 mts., en una suave y amplia loma dueña de una vista espectacular.
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Por la cumbre
El día de cumbre —17 de marzo— comenzó muy temprano para cubrir los casi 1.200 mts. de desnivel existentes entre el campamento y la cumbre. La ruta se encontraba muy seca debido al avance de la temporada, y transcurría por una algo estrecha arista rocosa, con unos breves y sencillos trepes en roca descompuesta y se ganaba altura de forma segura y progresiva hasta la meseta de altura, ya sobre los 6 mil metros.
A partir de este punto, las antecimas se sucedían una tras otra, pues había que recorrer más de 2 kms. hasta la verdadera cumbre. Y así fue: luego de una larga caminata de altura y, tras superar todas las falsas cimas, pudimos pisar el punto más alto de la montaña, luego de poco más de 7.5 horas de pesada marcha. Las vistas de los glaciares y neveros hacia el norte que caían por las laderas sur y suroeste de la montaña eran muy impresionantes, sobre todo por su ubicación geográfica.
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El regreso
El retorno al campamento desde la cima tomó un poco más del tiempo contemplado inicialmente, por lo que decidimos pasar una segunda noche a 5 mil metros y descender al día siguiente. Dentro de la planificación habíamos considerado —como siempre— aquella opción, por lo que cargamos comida extra para una noche adicional. El menú consistió en una deliciosa lasaña liofilizada y, créanme, lo disfrutamos como nunca.
Al día siguiente descendimos hasta la base de la montaña donde algo más abajo del valle y a orillas del seco lecho del río Valeriano, nos esperaba Sergio con los caballos, para alcanzar el campamento luego de una breve marcha para ordenar el equipo, cargar las mulas y dar inicio a la retirada de la montaña. Fueron necesarios 6 horas y 24 kms. hasta un campamento intermedio, ya a 2.400 mts. donde acampamos bajo una muy iluminada y menguante luna, última noche antes de regresar.
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La retirada de la montaña tomó cerca de 3,5 horas hasta el punto de inicio del viaje, donde abordamos el auto hasta la cabaña de Sara, donde nos esperaba con un exquisito almuerzo, luego de una merecida ducha tras el esfuerzo del ascenso.
Y, por último, cerca de 10 horas de manejo para completar los más de 850 kms. hasta Santiago, donde llegamos cerca de la medianoche, cansados, pero contentos.
Excelente ascenso y una gran experiencia vivida nuevamente con Renato, demostrando lo fuerte que es en el cerro. Y por supuesto los merecidos agradecimientos a Sara, Sergio y Danilo.
Texto y fotos: Adolfo Dell´Orto S.